Joven del viento, viajero del web
Escrito por el 18/02/2010
"Hola", se dicen los extraños, "hola, ¿cómo estás?" dicen los que extrañan... "¿Vas para tu casa, vienes del trabajo?" dije yo por que no se quién soy para ti ni se quién eres para mi. Tan solo somos dos anónimos que se extraviaron en el mismo andén con la misma dirección. Éramos una casualidad, nada más.
El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio.
Mi atención se desvió un instante de la plática que venía masticando, levanté la cara, respiré profundo y de pronto te vi caminando sin rumbo, con la mirada azul en tus ojos negros nublados de pensamientos. Dije en secreto tu nombre... tu cuerpo recobró el aliento, volteaste alerta, no sabías quién te había apartado de tu silencio.
"Hola", se dicen los extraños, "hola, ¿cómo estás?" dicen los que extrañan... "¿Vas para tu casa, vienes del trabajo?" dije yo por que no se quién soy para ti ni se quién eres para mi. Tan solo somos dos anónimos que se extraviaron en el mismo andén con la misma dirección. Éramos una casualidad, nada más.
Abordamos el vagón mientras te hacía preguntas sordas y me dabas respuestas mudas. No me vi en tu mirada, y tu no querías ver nada en la mía. La multitud nos empujó al rincón incómodo de estar más cerca y ambos sentimos alivio al llegar a nuestro destino.
Hablamos mucho pero no dijimos nada, y así como te devolví tu nombre en la multitud subterranea, me abandonaste anónimo en la soledad de la superficie.

Y si no pudiera alejarme de mí, no podría acercarme a nadie, a nada. Ni a mí.
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